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El Castillo Medieval | Emplazamiento, costrucción y partes de un castillo
Tipología de los castillos | Terminología | Metodos de ataque y defensa

Los asedios y su duración | Diferentes edificaciones fortificadas

LOS ASEDIOS Y SU DURACION

Sin gran dificultad es posible llegar a la conclusión, errónea por cierto, de que con tantos y variados sistemas de ataque los castillos caerían en poder del asaltante en poco tiempo, pero nada más lejos de la realidad, pues tanto sitiados como sitiadores estaban bien preparados para aguantar lo que fuera preciso, aunque esto variaba dependiendo del tamaño e importancia del castillo y de las posibilidades de los atacantes. Pero también es posible la conclusión inversa, esto es, que con tales sistemas de defensa los castillos eran inexpugnables, lo que tampoco es cierto.

En primer lugar, levantar un ejército ya era una ardua tarea que requería tiempo. Cuando el rey hacía un llamamiento para una guerra a sus vasallos, nobles o villanos, no siempre todos acudían o no lo hacían con la misma presteza. A medida que pasaron los siglos se fue perfeccionando el sistema y creando un ejército más o menos permanente.

Si nos atuviéramos estrictamente a lo relatado por las crónicas, tanto cristianas como musulmanas, sus cifras son siempre exageradas en cuanto al número de combatientes de uno y otro bando. Como ya se ha visto, cuando tratamos de la batalla de las Navas de Tolosa, este problema nos conducía a hacer distintos cómputos según la fuente que siguiéramos.

Los musulmanes, recordando la división romana de Hispania, establecerán tres marcas: Marca Media, con capital en Toledo; Marca Superior, cuya capital fue Medinaceli (Soria); y Marca Inferior, con capitalidad en Mérida. En estos lugares se reunían los ejércitos para desde allí dirigirse a combatir a los reinos y condados cristianos del norte.

Los musulmanes entraron en muchas ocasiones en guerras intestinas (época de las taifas entre ellas o contra los invasores almorávides, almohades, etc.). Los cristianos, no quedándose a la zaga, muchas veces hacen lo propio. En unos y otros casos los supuestos enemigos establecían alianzas para combatir a otros de su misma religión, por los avatares de la historia, en ese momento, convertidos en enemigos.

En todos los casos los castillos se convertían en presas codiciadas, pues significaban el dominio de zonas territoriales, siendo además frecuente moneda de cambio para pagar ayudas y firmar tratados. Los castillos eran la base de la guerra, el lugar fuerte desde donde se gobernaban los campos circundantes y los que oponían resistencia al enemigo.

Cuando un castillo o población contaban con bastimentos suficientes y se encontraban bien pertrechados, el asedio podía ser muy largo. Por tanto una táctica muy común era hacer incursiones (algaradas o cabalgadas) con objeto de "talar los panes", expresión de la época que no tiene más sentido que el de estragar y saquear los campos, de tal forma que se impidiera el avituallamiento de la plaza que se pretendía asediar. Numerosas acciones de esta índole fueron seguidas por Fernando III.

Resulta curioso, y por eso lo traemos a colación, la preparación que para el sitio definitivo de Alcalá la Real llevó a cabo Alfonso XI. Primero, según la crónica, entró a talar los panes, permaneciendo en este quehacer durante cinco días, volviendo a Córdoba, momento en que el cronista dice que quedó "muy pagado de la villa de Alcalá, que había visto". Todos solían saber que a continuación viene el sitio, por lo que aquel rey realizó una maniobra de distracción que no fue otra que hacer todo lo necesario para atacar Málaga. Mandó barcos, se desplazó hasta Écija, devastó los campos de Málaga e incluso pregonó sus intenciones. Pensaron los granadinos que no volvería por Alcalá y convencidos del peligro inminente que se cernía sobre Málaga no pensaron en abastecer esta plaza fronteriza, y mandaron tropas procedentes de ésta en su defensa. Tragado el anzuelo por los nazaritas, el rey Alfonso tomó el camino de Baena y se presentó ante Alcalá de Aben-Zayde.

Continuemos con lo que la crónica nos cuenta: "De como fue llegado don Alonso a la villa de Alcalá de Aben-Zayde, y vio que estaba desprovista de bastimentos, y gente, al punto mandó sentar sus huestes en rededor de la villa, y pusieron los reales algo apartados de la villa..." Paremos aquí un poco el relato. Talados los panes el segundo paso era situar un campamento estable, si el terreno y el tiempo lo permitían, en las proximidades de la fortaleza o ciudad. Desde antiguo estos campamentos dieron lugar a poblaciones, tal es el caso del de la Legio VII Gemina, hoy León, o el más reciente caso de Santa Fe, en las cercanías de Granada, campamento que fue de los Reyes Católicos durante el asedio a la capital nazarí.

El método más eficaz de asedio era impedir la salida a los sitiados en espera de que se acabaran sus víveres y agua. De tal manera procedería el rey. Dejemos continuar al cronista: "...mandó el rey don Alonso estrechar más el cerco de suerte, que de todo punto quedó la villa cercada de manera, que nadie de afuera sin voluntad de los cristianos podría entrar a los moros". Era normal mientras duraba la espera que los sitiadores no permanecieran inactivos y pudieran desmoralizarse, por lo que se intentaban asaltos a los muros y se hacían minas para socavarlos. Tal y como se ha dicho se procedió. Así se dio el asalto del arrabal que cayó en poder de los cristianos un veinte de diciembre de 1340, festividad de Santo Domingo de Silos, tal y como ya comentamos con anterioridad. En dicha acción se distinguió Pedro de Aranda que daría origen al linaje alcalaíno de ese apellido. E igualmente hemos dicho, al hacer mención de la importancia de la aguada en un castillo, que tomaron los pozos del arrabal mediante cavas. Cortaron esta fuente de suministro a los sitiados y con posterioridad y ayudados por medio de minas, cegaron otro pozo que estaba en la torre del Atalaya.

Según el cronista Guardia Castellano era alcaide de Alcalá Almo-Hacen (que como se dijo por investigaciones posteriores se sabe de otro nombre: Abraham el Guerdo), quien el quince de agosto de 1341, tras un asedio de más de nueve meses capituló rindiendo la fortaleza (hemos de suponer que exhaustos por hambre y sed, además de desmoralizados por la falta de socorros granadinos). Hay quienes mantienen que lo expuesto en la crónica es falso, pues consideran que un ejército de la época no estaba pertrechado para resistir acampado un invierno riguroso. Con el ánimo de creer lo que la crónica nos cuenta y para tener cierta idea de la duración de un sitio citaremos algunos ejemplos: Úbeda resistió durante seis meses a los cristianos mandados por Fernando III, desde febrero a julio del año 1223. Huesca, antes de su rendición, soportó treinta y un meses de sitio (de mayo de 1094 a diciembre de 1096). Granada capital, rendida por pacto, estuvo asediada ocho meses. Estos son algunos ejemplos, tomados al azar, de la duración de un asedio.

El caso citado de Alcalá se corresponde con un asedio típico, tal y como lo enumeran los tratadistas. Por conservarse descrito en la crónica real lo hemos reproducido considerando el valor didáctico que puede tener.

Naturalmente las fortalezas podían ser tomadas por sistemas distintos al sitio, por ejemplo el ataque nocturno por sorpresa escalando los muros (en la sección de Historia Medieval se citan las tomas de Zahara y Alhama al final de la Reconquista). Otro método era la traición, por soborno o por cualquier otra causa, de algunos de los propios defensores (Toledo, al comienzo de la invasión árabe, cuyas puertas fueron abiertas por los judíos).

 

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