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Los asedios y su duración | Diferentes edificaciones fortificaciones

DIFERENTES EDIFICACIONES
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Según Torres Balbás "El capítulo de la construcción militar medieval es uno de los peor conocidos de nuestra historia arquitectónica. Escasa atención se ha prestado hasta ahora al examen de castillos ruinosos y restos de cercas, desprovistos casi siempre de decoración, que van desapareciendo día tras día sin que por su desnudez y lo complejo y árido de su análisis atraigan la atención de los estudiosos. Las murallas de las villas se derriban y los castillos, abandonados desde hace siglos, caen sin que de unos ni de otros queden descripciones y análisis arqueológicos."
Desplegados en la cordillera
Cantábrica y el Pirineo los cristianos pueblan las antiguas ciudades
romanas e hispano-visigodas y comienzan a recibir población cristiana
venida del sur. Se produce un curioso fenómeno llamado "legitimismo
Astur" por el que cántabros, vascones..., que fueron hostiles a
la romanización y que tampoco se dejaron dominar por los visigodos,
se constituyen y autonombran herederos del reino visigótico. Así resulta
que Asturias va a perseguir la idea de una España unificada. Tras la
fundación de Oviedo en el año 761 se irá formando un reino que tratará
de recoger todas las tradiciones y situaciones de la antigua España
visigoda.
De las fortificaciones correspondientes a los siglos VIII al X, poco se sabe. Es posible intuir que la propia orografía sirviera de garantía defensiva, pero también es posible, como hemos comentado con anterioridad, que sus fortificaciones estuvieran hechas a base de tierra y de madera, por lo que pasado cierto tiempo desaparecieron sin dejar huella o que fueran paulatinamente transformadas en fortalezas de piedra. Como en tantos otros casos, las fortificaciones anteriores serían reaprovechadas. Tal es el caso de las murallas romanas de Lugo, Gijón o León, que continuarán siendo útiles. Desde época temprana (siglo IX), Oviedo contó con un castillo y una cerca sin torres, cuyos restos todavía pueden verse. Según
Eslava Galán las fortificaciones a base de tierra y madera eran muy
frecuentes, bastante más de lo que se cree. Según este investigador,
en muchas ocasiones basta con observar el entorno de los castillos para
advertir restos de fortificaciones de tierra que existieron con anterioridad.
Cita, Eslava, como ejemplo el castillo
de Susana. Sin dudar nosotros de la tesis expuesta si debemos decir
que el actual peñón de Zuzaña no nos parece el lugar donde se asentó
el castillo, siguiendo nosotros, como otros muchos, los postulados de
Bernardo de Espinalt que lo sitúan en el cerro del Castellón, muy cercano
a Valdepeñas, lugar, por cierto, donde está ubicada la declaración de
Bien de Interés Cultural, si bien es cierto que el expediente alude
a ese lugar del Castellón pero la descripción contenida en él es la
hecha por Eslava en su libro "Castillos y Atalayas del Reino de
Jaén".A la zona del Ebro, desde Cantabria a La Rioja, de tantos castillos como edificaron los cristianos, los musulmanes la denominaron "Álava y Alquilé", es decir, "Álava y los castillos" de donde toma nombre Castilla, nombre claramente identificado desde el siglo X. Las fortalezas fueron edificándose a la vez que se repoblaban nuevas zonas de reciente conquista. Cabe preguntarnos sobre cómo serían aquellas primeras fortificaciones. Para José Avelino Gutiérrez González los primitivos castillos del siglo IX estaban situados en alto, con defensas naturales, dominando la llanura o pasos, con planta topográfica de un solo recinto por lo general, careciendo de cubos y, edificados con bloques rocosos sin desastar. Ya por entonces aparecen en lugares elevados construcciones a modo de torres atalayas. Al extender la línea de repoblación hasta el valle del Duero se siguen levantando castillos, con formas rectangulares muy simples y sillares bien labrados (restos más antiguos del castillo de Zamora). Un estudio de Adolfo Castán Sarasa (Románico e iglesias de cabecera triple en la ribera del Ara y Valle de Uro, Huesca) nos informa de los primeros castillos para defensa de los valles pirenaicos, generalmente situados en lugares elevados, que estaban comunicados ópticamente unos con otros para avisar en caso de invasión. Pese a ciertas similitudes con los cántabro-astures estas fortificaciones serán diferentes. Las construcciones defensivas catalana-aragonesas tendrán por tipología característica un pequeño recinto amurallado sin torres, con una capilla o iglesia dentro y una fuerte torre circular, sistema que seguirá vigente hasta época gótica. Álava y Castilla sufrirán durante siglo y medio los envites de los musulmanes, que les dirigen desde Medinaceli (Soria) y Tudela (Navarra). Así están datadas expediciones musulmanas en los años 767, 791, 793, 794, 796, 801, 803, 806, 825 y así sucesivamente, para impedir la salida de castellanos y alaveses del valle del Ebro. Por tales conocemos
a las fortalezas que se edificaron entre el año 756 y 912 en Al-Andalus
(España musulmana) por los emires o príncipes, hasta que en el año 912
se proclamara califa Abderramán III. Desde la conquista musulmana Al-Andalus
cuenta con gobernadores que lo son en nombre del califa de Damasco,
guerreando entre ellos y pactando con los hispano-visigodos.
Esta época se cierra con la proclamación del emirato independiente por parte del omeya Abderramán I. Las construcciones emirales son de tradición siria y han incorporado la poliorcética romana y bizantina. Entre las notas que los caracterizan podemos enumerar las siguientes: uso de la sillería especialmente colocada, torres macizas y de poca altura, flanqueando ángulos y, a mitad de lienzo, grandes patios y huertas con entrada directa. Entre
las de época emiral y califal (siglos IX al XI), destaca una interesante
serie de torres y atalayas en Castilla y Aragón. Estas atalayas son
de planta circular, situadas en alto. Tienen un primer piso macizo,
se accede al segundo mediante una escalera de mano y pueden tener hasta
dos pisos más, quedando cada uno separado de los otros por suelos de
madera y escaleras de mano. El grosor de sus muros oscila de 1,60 a
2,20 metros, siendo la altura media 10 metros. La puerta de acceso adintelada
(sobre la primera planta) tenía dos quicialeras
para los batientes de madera. La mayoría son troncocónicas, es decir,
conforme aumenta su altura está un poco más retranqueada, perdiendo
por dentro algo de grosor. Algunas tienen ligeras zarpas o escalonamientos
en su base, para presentar mayor solidez y dificultad en caso de zapa
de sus muros. Las encontramos de varios tipos, aisladas o con caseta
al lado. En el caso de la atalaya de Arrebatacapas (Madrid) se precisa
su construcción entre los años 950-980. De
las atalayas de nuestra comarca las hay claramente de construcción cristiana
durante el siglo XIV y, tal vez, XV y aquellas otras que son de procedencia
árabe y cuya construcción ha de ser, forzosamente, anterior. Algo ya
hemos comentado antes en el apartado dedicado a las torres, pero vista
la descripción que hemos sacado de Jiménez Esteban y que acabamos de
exponer, cabe hacer alguna otra consideración. Por ejemplo, en lo relativo
a la altura (unos 10 metros) y sobre la existencia de más de un piso
en ellas. Si nuestras atalayas rondan la altura dicha y tienen la primera
parte macizada (salvo en los casos ya citados), en el resto sólo cabe
la posibilidad de una única estancia (excepción hecha de la aludida
del Puerto o
de la Nava), circular (como la
Torre) en todos los casos, salvo en dos, la de la Cogolla
y la de Encina
Hermosa que la presentan cuadrangular, siendo, como dijimos, en
todos los casos el acceso a la azotea por una escalera aprovechando
el grosor del muro y no por escaleras de mano. Incluso las que presentan
su forma de ingreso por la planta baja para acceder a la primera planta
emplean igual método. Dentro de la tipología
castillos hispano-musulmanes encontramos los denominados como caravaneros,
situados estratégicamente en las vías de comunicación medievales, con
el fin de que en ellos se pudiese aguar, cambiar las postas y servir
de lugar seguro para el descanso del viajero y de la tropa. Podemos
decir que cumplían funciones análogas a las desempeñadas por las ventas
o posadas camineras de siglos posteriores. Eran castillos de estructura
sencilla de los que se conservan bastantes ejemplares en la provincia
de Córdoba tales como El Vacar, Espiel, Névalo y Cuzna.
Están
formados por recintos simétricos, cuadrados o rectangulares, con torres
a mitad de lienzo y en los ángulos, macizas, que no sobresalen en altura
del adarve de las cortinas, dejando en su interior un espacio donde
estarían situadas las dependencias destinadas a almacenes, cuadras y
vivienda. Los encontramos junto a corrientes fluviales, manantiales
o aljibes. Así es explicable su localización en lugares poco idóneos
para la defensa o en despoblados.Cabe la posibilidad de que nos planteemos si era un castillo caravanero al-Sikka, que significa "el Camino" o "la Vía" y cuya ruta utilizaron Mutarrif (894), Alfonso I "el Batallador" de Aragón (1126), etc. Incluso cabe pensar si no era, también, un castillo caravanero Sajra al-Walad (Charilla) -como vimos antes sajra alude a pequeña fortificación- pero también en este caso como en el de las otras atalayas que tienen habilitada y hueca la parte baja, existe la posibilidad de que sean otro tipo de fortificaciones de vigilancia de caminos secundarios, ya que las tres están cerca de una ruta que pueden controlar. Tras la desaparición
del califato (1032), al-Andalus se fragmenta en los llamados reinos
taifas que,
por distintas circunstancias, guerrearán entre ellos y entrarán en una
política de alianzas y vasallajes constantes con los reinos cristianos.
Estos reinos taifas
tienen varias ediciones. Ejemplos de su actitud y actuación hemos visto.
Así el del rey de Baeza con, Fernando III, que es de relevancia para
nuestra zona (casos de Martos y Alcaudete).
Fueron
reinos débiles que serán presa fácil para los almorávides,
quienes terminarán con ellos. Débiles en lo militar, pero que se corresponden
con una de las épocas más florecientes de las letras y de la cultura
en general.Imitando las glorias del califato, del que todos pretendieron ser los herederos, proliferó la costumbre de construir palacios en las afueras de sus respectivas ciudades-capitales, a modo de lo hecho por Abderramán III en Medina Azahara. Los conocemos con el nombre de zudas y abundaron en el valle del Ebro (Olite, Tudela, Huesca, Zaragoza, Calatayud, Tarazona, Lérida, Tortosa). También se construyeron alcázares en Murcia. La Almudaina de Palma de Mallorca combina elementos califales con otros propios de los reinos de taifa. El alcázar de Sevilla, bastante enmascarado por las reformas almorávides y cristianas, corresponde básicamente a esta época. En Granada, concretamente en el Albaicín, la llamada Alqasaba Qadima es donde la dinastía zarí situó su palacio, del que restan algunos murallones y torres de tapial en torno al Arco de las Pesas, la ermita de San Basilio y el carril de la Luna. En Málaga se edificó la alcazaba entre los años 1057 y 1063. Consta de un doble recinto con torres de argamasa y mampostería y fue muy reformada en época nazarí. Los almorávides crearon un impuesto en 1125 para realizar un costoso plan defensivo que acertara a contener la presión de los reinos y condados cristianos. De esta época data el amurallamiento de Jaén. Antes de finalizar el programa de fortificación diseñado por los almorávides, éstos fueron sustituidos por los almohades, también de origen bereber. En cuanto al origen e historia de las mismas, mucha
importancia tienen en la actual provincia de Jaén. La de Santiago,
fundamentalmente, en la zona de la Sierra de Segura y la de Calatrava
en nuestra comarca y otros lugares de la provincia.
Los almorávides
habían comenzado su descomposición en África y al-Andalus, fragmentándose
de nuevo la España musulmana en multitud de taifas.
El reino de Toledo había pasado al rey Alfonso VI, y éste controlaba
el reino de Valencia y recibía tributos (parias)
por parte los reyes de Sevilla y Zaragoza, por lo que la situación hacía
presumir el pronto término del poderío musulmán en al-Andalus. Así estaban
las cosas de desesperanzadoras para los de la Media Luna.
Los
almohades,
procedentes del norte africano, entran en la península y, de grado o
por la fuerza, unifican al-Andalus, haciendo retroceder la línea de
la reconquista cristiana al valle del Tajo.Torres Balbás nos aporta unas interesantes líneas sobre la época almohades: "Lo mismo que los almorávides -nómadas del Sahara-, los almohades -rudos montañeses del Atlas- carecían de tradición artística y, por tanto, no podían modificar la existente, pero sí imponer a los mismos artífices que levantaron los monumentos de sus predecesores inmediatos normas de sencillez, en armonía con las nuevas concepciones religiosas. Continuamente en guerra santa la península, los almohades desarrollaron extraordinariamente en su suelo el arte de la fortificación, con avance considerable sobre el resto de Occidente. Perfeccionaron el sistema de puertas militares en recodo, empleadas ya en el siglo XI en Granada; hicieron uso general de la barbacana o antemuro, que envolvía cercas y fortalezas, e inventaron o difundieron las torres albarranas, situadas fuera del recinto general, al que quedaban unidas por un muro. Servían para flanquear al atacante, y su eficacia aumentó al darles forma poligonal." Centraron sus fortificaciones en Andalucía y Extremadura, principalmente. La capital de su extenso imperio era Marraquech y la peninsular Sevilla, a la que dotaron de una nueva muralla (hoy visible en el arco y muralla de la Macarena). Son características de los castillos almohades las siguientes: uso casi exclusivo de grandes cajas de tapial, aumento del grosor de los muros, presencia constante de puertas en recodo, utilización de barrera y foso, empleo de torres pentagonales, hexagonales, octogonales... (un ejemplo es la torre del Oro en Sevilla), utilización de torres albarranas y corachas, uso de bóvedas de ladrillo y, en general, empleo de ese material, no sólo en las bóvedas. El
castillo de Alcalá de Guadaira, cerca de Sevilla, es uno de los grandes
exponentes de la construcción militar almohade. Este castillo fue reconstruido
por los cristianos. Es un ejemplar que presenta complejidad en la entrada,
coracha, torres de tapial macizas hasta la altura del adarve. Posee
una torre hexagonal y otra albarrana.La famosa Torre del Oro, obra como se ha dicho almohade, tuvo tres funciones: torre albarrana, coracha y bastión por el que se cerraba el río gracias a una cadena sujeta en la orilla contraria. La torre albarrana es un caso de fortificación medieval único en Europa y tan sólo se encuentra en España y Portugal. El vocablo árabe indica exterior, alejamiento. Tal y como antes comentamos al hablar de las mismas hemos hecho mención del caso de Alcalá la Real, por lo que nos remitimos a lo allí dicho. Igualmente emplearon la barbacana para la protección de puertas y/o de la muralla principal. Otras de las construcciones características del período es la fortificación cuadrada o rectangular con torres esquineras. Conquistado el valle
del Guadalquivir durante el siglo XIII (Jaén, 1246; Córdoba, 1234 y
Sevilla en 1248) se procedió a su repoblación con cristianos, obligándose
a los musulmanes a establecerse en alquerías en el campo. Durante el
siglo XIV se construyen torres para la defensa de los cortijos habitados
por cristianos, que son instrumento defensivo y, a la vez, símbolo de
poder de la nobleza o las órdenes militares.
La
provincia de Jaén, frontera durante dos siglos y medio con el reino
granadino, verá aumentadas sus defensas con torreones que completarán,
junto a los muy numerosos castillos, una tupida red de fortalezas. El
inventario del Patrimonio Artístico y Cultural de 1968 localiza en la
provincia 85 lugares fortificados, de los que 16 son torres. Esto es
lo que recoge el inventario, pero nos consta que hay muchas más obras
de fortificación a lo largo de toda la provincia, tanto por el catálogo
de Bienes de Interés Cultural como por nuestras visitas y otros textos
consultados al efecto.Estos castillos rurales, a los que hemos hecho mención, son lo que algunos estudiosos conocen con el nombre de torres de los cortijos andaluces. En nuestra zona tenemos algunos ejemplares como pueden ser el castillo de la Torre, en Fuensanta de Martos, y Torre Víboras, en Martos. Además de murallas
hay otras obras de fortificación tales como son las casas fuertes, iglesias
fortificadas y las torres de los palacios, llamadas también torres urbanas.
Ningún ejemplar o mención a la existencia de tales obras hemos encontrado
en la zona, por lo que no vamos a detenernos en su estudio, siendo lo
único apreciable que nos queda las cercas o murallas urbanas.
Cuando Muhammad al-Ahmar
Ben Nasr (1231-1272), señor de Arjona, rinde vasallaje al rey de Castilla
Fernando III realizando la entrega del castillo y ciudad de Jaén (1246),
comienza la historia de la dinastía nazarita y del reino de Granada,
postrer representante del poderío musulmán a este lado del Estrecho.
Alhamar, protegido por el monarca castellano-leonés, participó con sus
tropas en la conquista de Sevilla. Hizo de Granada la capital de su
reino y lo extendió en las actuales provincias de Almería, Granada,
Málaga, parte de Cádiz y de Jaén. El reino en su mayor parte y la dinastía
sobrevivirán hasta 1492.
Torres
Balbás en "Ars Hispaniae" nos aporta los siguientes datos
sobre las construcciones nazaritas: "En el momento de constituirse
el reino granadino, en la cuarta decena del siglo XIII, sus villas y
ciudades estarían protegidas por cercas torreadas, algunas -la de Granada,
por ejemplo, a juzgar por la parte conservada- de mampostería; muchas,
de tapial de argamasa, como la de Almería. La conquista de Córdoba y
Sevilla por Fernando III debió de obligar al refuerzo de las fortificaciones
del nuevo reino, sobre todo la de los lugares fronterizos.Los procedimientos de asedio siguieron siendo los mismos de la época anterior, la zapa con ayuda de gatas o mantas, y el ataque con máquinas, hasta que comenzaron a usarse la pólvora y la artillería, en fecha que ha sido muy discutida. Ibn al-Jatib parece aludir a su empleo en el asedio de Huescar por Isma'il (1314-1325). Según el historiador Mariana, la llevaba el rey Muhammad IV en la entrada que hizo el año 1331 en el reino de Alicante. No cabe duda de su uso en el sitio de Algeciras por Alfonso XI, en 1344. Coincidió la utilización de esta nueva arma, cuya eficacia destructiva en los primeros tiempos sería escasa, pero grande su efecto moral, como la derrota de los marroquíes en el Salado (1340) y la conquista por Alfonso XI, en 1341, de la fortaleza de Alcalá de Ben Zaide (hoy Alcalá la Real), la principal de las que guardaban el camino de entrada a la vega de Granada por el norte. Entonces se reforzarían de nuevo no pocas cercas y castillos, envolviendo sus muros y torres de argamasa o sillarejo con otras de mampostería, como se hizo en el castillo de Piñar y en la alcazaba de Málaga. Pero no en todas las fortalezas pudo realizarse trabajo tan costoso, lo que explica la rápida caída de muchas de lugares pequeños en manos del Rey Católico a los primeros disparos de su excelente y bien manejada artillería, cuya eficacia había aumentado respecto al siglo anterior. No muestran las fortificaciones nazaríes avances de importancia respecto a las almohades, pero sí hábil aprovechamiento del terreno, a la par que multiplicación de barreras defensivas y aumento grande de tamaño, singularmente las torres. Es novedad de esta época, tal vez debida a influencia cristiana, la existencia de una prominente, que no aparece en las fortalezas hispanomusulmanas anteriores. En vez de estar aislada, en el centro del recinto, como en las occidentales, los granadinos la emplazaron en uno de sus ángulos. Casi todas tienen planta cuadrada y extraordinarias dimensiones. Son características en los castillos nazaríes las siguientes particularidades: empleo de tapial entre bandas de ladrillo, empleo de ladrillos y piedra por las esquinas de las torres para hacerlas más resistentes, muros muy gruesos. Edificaron en lugares importantes alcazabas y continúan utilizando los accesos en recodo, dobles y a veces triples. Sigue vigente la costumbre de no tener una torre del homenaje y existencia de grandes aljibes. Otra
de sus preocupaciones fue fortalecer las costas mediante un sistema
de almenaras para prever posibles desembarcos, tanto de cristianos como
de musulmanes norteafricanos.Para la defensa de la Vega construyeron torres, ya que este lugar era la entrada lógica y la más fácil desde el territorio cristiano, muchas de ellas protagonizadas por tropas que partían de la cercana y fronteriza Alcalá la Real. Convirtieron a Granada en una de las mejores ciudades fortificadas de la península en los siglos XIV y XV. Durante los casi doscientos cincuenta años de existencia del reino de Granada la actividad militar fue grande. Constantemente se atendió a las obras de fortificación y se renovaron las viejas alcazabas de Málaga, Almería, Tabernas, Moclín, Purchena, etc. edificando nuevos castillos. Uno de los problemas principales de los castillos nazaríes es su mal estado de conservación, salvo excepciones. Desde luego, por su cercanía a esta comarca y por su estrecha relación con la misma, cabe mencionar el estado ruinoso que presenta el de Moclín, otrora imponente rival de Alcalá. La conquista cristiana causó grandes destrozos en muchos de ellos, ya que se empleó artillería en los asedios, destruyendo muchos de los levantados en tapial y ladrillo. Posteriormente los terremotos de los siglos XVI y XVII volvieron a afectarlos. También los Reyes Católicos influyeron en su paulatino declinar, al imponerles un abandono forzoso por miedo a las revueltas, como de hecho ocurrieron en 1502 y 1570.
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