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Sobre la repoblación de Martos

Sobre este asunto, así como sobre otros, seguimos las investigaciones realizadas por el historiador Ruiz Fúnez, publicadas en su día en la revista local Faro 2000.

En un primer momento la población musulmana de la futura encomienda de Martos permaneció en ella, por lo que no fue necesario un repoblamiento cristiano de la zona, cuya presencia se circunscribía a la guarnición allí destacada. Numerosa población musulmana emigró en 1226, pero tampoco se produjo un repoblamiento por la inseguridad que le confería su posición fronteriza.

Para Rodríguez-Picavea en Alcaudete quedaron, en un primer momento, los musulmanes, sometidos al poder de los calatravos, ignorándose hasta cuándo permanecieron estos mudéjares en la población, o qué incidencia tuvieron en ella las revueltas mudéjares de 1264-1266.

Cuando Jaén es conquistada por Fernando III en 1246 queda asegurada la retaguardia de Martos, hasta entonces prácticamente rodeada de tierras hostiles. Puede que aquí se produjera una mayor afluencia de cristianos para asentarse en la encomienda.

No hay, prácticamente, datos hasta finales del siglo XV, con lo que hablar de otras épocas es remitirse a lo anteriormente expuesto para todo el reino de Castilla. Hay uno que corresponde a 1344 en que Alfonso XI ordena a los concejos de Jaén y Alcalá que el tráfico comercial hacia Granada siga pasando por Martos y no desviándose por la sierra (Valdepeñas), ya que ese desvío causa gran perjuicio a la Orden de Calatrava y amenaza con el despoblamiento a la zona.

Hacia 1490 se tiene conocimiento de algunas emigraciones de habitantes de Martos a otros lugares, que son mal vistas por la Orden que trata de impedirlas. Si bien en esta época se experimenta un crecimiento demográfico, han cesado las epidemias y los problemas que sufre la sociedad hispana en la centuria anterior. Los abusos de la Orden (provocados por su gobernador general Juan de Hinestrosa y el alcalde mayor, bachiller Mayorga) favorecen el deseo de emigración de muchos moradores, hasta tal punto que intervienen los Reyes Católicos para investigar el asunto, para lo que nombran al corregidor de Jaén, licenciado Juan Díaz de Zumaya, encargado de realizar las indagaciones necesarias sobre este tema.

A resultas de la investigación se sabe que el problema era común a otras poblaciones de la Orden. Así sucedía en Lopera (algo más de cincuenta) y Porcuna (más de un ciento). Martos, según los testigos, perdió entre veinte y treinta vecinos, Torredonjimeno entre treinta y cincuenta y Santiago de Calatrava cerca de cuarenta. Entre las causas que alegaban aquellos vecinos en su deseo de marcharse estaban los abusos a que eran sometidos por parte del gobernador, del alcalde y de los alcabaleros (cobradores de impuestos). El alcaide de Martos, Alonso de Lladradan, alude a motivos muy distintos, tales como los mejores pastos existentes en Montefrío o Loja, por lo que se llevaron sus ganados. Argumenta también malas cosechas.

Que existieron en la encomienda marteña musulmanes y judíos es seguro, pues se encuentran alusiones a ellos en distintos documentos, pero se desconoce su número e importancia. Junto a los caballeros que controlan todos los resortes de poder y son los poseedores de las propiedades, se encuentra el estado llano, pagadores de los impuestos que el comendador y el concejo les imponían y cuya principal dedicación era la ganadería y la agricultura.

La mayor parte de las propiedades rústicas se mantenían en manos del comendador, explotándolas de forma directa (una parte pequeña), mediante arrendamiento, aparcería y con la constitución de censos. Una parte del territorio era considerado como bienes de propios y estaban asignadas a los vecinos para su explotación comunal. Los cultivos principales de la encomienda eran cereales, viñedos y olivares. Hay otros cultivos menores así como la existencia de zonas de huerta, fundamentalmente, para aprovechamientos de regadío.

Naturalmente fue la existencia de ganadería la principal fuente de riqueza en las tierras de la encomienda. La Orden se dedicó mayoritariamente al arrendamiento de los pastos de las distintas dehesas existentes. Asnos, mulos y caballos gozaron de importancia en la cabaña ganadera de la encomienda, aunque la crianza de estos últimos experimentará un descenso una vez que terminen las actividades bélicas con la rendición de Granada. Hay ganado vacuno y de cerda en bastante menos número y cuyo destino es el de abastecimiento de carne para los moradores de la propia encomienda. Lugar muy destacado ocupa el ganado ovino, cuyo sistema de explotación será extensivo, aprovechándose montes, rastrojos y las dehesas existentes en la zona. El ganado ovino será el de mayor importancia en la encomienda, análogamente a lo ya expuesto al hablar en otros lugares de la Mesta y del comercio de la lana.

La importancia de la cabaña ganadera lleva a numerosos conflictos con los agricultores e incluso a la expropiación de ciertas tierras de destino agrícola para convertirlas en pastizales.

Los montes de la encomienda se convirtieron en otra importante fuente de ingresos, ya que se arrendaba para pasto del ganado y se realizaba un aprovechamiento de leña y carbón. Las rentas de los montes de Martos se repartían entre el concejo y el alcaide de la fortaleza de la Peña. Como es natural los montes también eran aprovechados para la caza.

Industrialmente la actividad es escasa en todo el territorio de la encomienda. Son de destacar los molinos de harina, aceite y hornos de pan. La fortaleza de la Peña cuenta con un molino de cada clase, situándose los de harina en los ríos aprovechando la fuerza motriz del agua. Dos de ellos están en el arroyo de Torre García, otro en Cazalla, el de Torredonjimeno, llamado del Cubo (que es un molino fortificado), y otros en el curso del Víboras. En lo que se refiere a los molinos aceiteros quedan referencias de tres, el citado de la Peña y los de la villa de Martos y Torredonjimeno. Todos los molinos y los hornos estaban en manos del comendador o del concejo, siendo una buena fuente de ingresos.

Hay constancia de la existencia de lagares, uno en la Peña, otro en la villa de Martos y un tercero en Torredonjimeno. La alfarería, que incluía la fabricación de materiales de construcción, se encontraban en Torredonjimeno y Jamilena. Por supuesto los hornos de cocción estaban en manos del comendador. Existieron varias explotaciones de sal, las cuales estaban adscritas a la mesa maestral de Calatrava. Lógicamente hubo otros artesanos como carpinteros, herradores, zapateros, etc.

Todas las actividades estuvieron básicamente dirigidas al autoconsumo y atención de las necesidades de los moradores de la encomienda. El comercio, mayoritariamente, estaba planteado para el consumo interior, constando sólo como de importancia exterior el que se mantenía con Granada y las poblaciones cristianas cercanas, siendo paso de numerosos viajeros y mercaderes en la ruta Jaén-Granada. Está documentado un importante comercio vinícola con Jaén.

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