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PROBLEMAS DE LA RECONQUISTA
Durante siglos, la vía para retornar a la Hispania una de la época visigoda no fue posible.
La repoblación es un hecho habitual en la península Ibérica durante la Edad Media. En una primera época ésta se desarrolla sobre zonas yermas o semidespobladas. Progresivamente se va realizando a costa de los musulmanes, desplazados por las conquistas territoriales de los distintos estados cristianos. Se pretendía poblar tierras abandonadas por sus habitantes tras la conquista cristiana o defectuosamente pobladas, con el fin de consolidar el avance de la conquista.
Por lo que respecta a Castilla, el avance reconquistador del siglo XIII supuso la anexión de extensos territorios en el Mediterráneo sur y en el Atlántico, que, de hecho, duplicaron la extensión total del reino castellano-leonés, y en consecuencia, la duplicación del patrimonio solariego de las grandes familias de Castilla y León.
La conquista del valle del Guadalquivir tuvo lugar mayoritariamente durante el siglo XIII. La espectacular expansión convertirán al reino de Castilla en el más extenso y poblado de la península.
Pero, por otra parte, la duplicación de los solares de las grandes casas o de los grandes títulos iba a crear problemas graves a la propia monarquía, por cuanto la base y el eje de las posesiones de la realeza -salvo contadas excepciones- hallábase emplazada en el centro peninsular. Así pues la Gran Reconquista dibujó un futuro conflictivo para Castilla.
La enorme extensión territorial acabó llamando la atención de los extranjeros, y en especial de los genoveses, quienes hicieron de Sevilla un núcleo decisivo de su actividad comercial, asumiendo así el papel de una burguesía mercantil que nunca llegó a tener Castilla.
Catalanes y aragoneses son capaces de asimilar, integrar, o por lo menos someter en paz a grandes núcleos de moriscos, cosa que no sucede en Castilla. Esta incapacidad justifica en parte los grandes latifundios nobiliarios (problema histórico durante siglos), la dificultad de habitar ciudades musulmanas despobladas y las formas de agricultura (que será extensiva -trigo- o deberá dejar paso a la hegemonía de la ganadería, que, como fenómeno económico, traerá grandes bienes y grandes males a la economía hispana).
La ganadería es forzada indirectamente por intereses extranjeros: la Mesta nacerá no sólo como resultado de la repoblación a base de un caudal humano escaso, sino también como fruto de presiones extranjeras (genovesas, fundamentalmente) que interesadas en adquirir la lana de las ovejas merinas, aprovechan el problema que supone la extensa reconquista territorial con una escasa repoblación.
El latifundismo surge como una necesidad del rey -de Fernando III primero, de Alfonso X después- de recompensar la ayuda y financiación de los nobles para la Reconquista. A lo más que se llegó fue a respetar la existencia de las poblaciones musulmanas como elementos productivos, pero sin coexistencia auténtica. Además, siempre quedaba Granada como posibilidad de refugio para los descontentos.
El crecimiento de la actividad comercial castellana, pese a todo, será, a medida que avanza la Baja Edad Media, una realidad. La ausencia de una burguesía cualitativa y cuantitativamente importante determina la alta tasa de conflictividad entre poder real y poder nobiliario. El siglo XV supondrá la hegemonía castellana basada en datos demográficos, territoriales y aún económicos. Pero Castilla acusará los defectos estructurales de su pasado inmediato; ni se ha producido una revolución urbana y mercantil ni el peso de la burguesía ha sido en modo alguno esencial.
Por ello, y como ha señalado Antoni Jutglar, Castilla encontrará serias dificultades para percibir la Modernidad y "mientras en los siglos XIV y XV, en todo el occidente europeo, las monarquías libran (y consiguen triunfar) sus batallas decisivas sobre el poder político del feudalismo, en Castilla las cosas funcionan al revés -se produce un hecho diferencial de graves consecuencias- y se crea un fuerte poder nobiliario que hará que, modernamente, en España, no pudieran ser muchas cosas que fueron en Occidente"
Volviendo a la repoblación en el siglo XIII, ésta se lleva a cabo en dos fases. La primera, que abarca hasta el año 1263, fecha en la que se produce una sublevación musulmana focalizada originalmente en Murcia, la cual generará una oleada repobladora, ya definitiva, definiendo así la segunda fase cronológica del proceso.
Durante este período se compatibilizó el avance castellano con la permanencia en la zona de musulmanes sometidos (mudéjares), gracias a los pactos de rendición concertados por las poblaciones que no resistieron el avance cristiano. Así los moradores permanecían conservando sus bienes y tolerándose su práctica religiosa. No obstante en el caso de las grandes ciudades andaluzas (Jaén, Córdoba y Sevilla) se entregaron con la condición de que sus habitantes musulmanes las desalojaran.
La primera fase contó con dificultades, y por lo que respecta a Andalucía se lleva a cabo tan sólo en algunas partes de la cuenca del Guadalquivir y zonas de montaña de su curso alto. En líneas generales cabe afirmar -como ha demostrado el profesor Julio González- que hasta 1263 no se produce una verdadera castellanización de los territorios ganados al Islam. Por tanto se puede decir que se trata, más que de repoblación, de ocupación militar, con la consiguiente construcción y reconstrucción de fortificaciones, consideración de las poblaciones como reductos defensivos, etc. Puede decirse que, en un primer momento, la respuesta de los castellanos hacia la repoblación andaluza fue negativa, pese a la fertilidad de las tierras. Las razones hay que buscarlas en un conjunto de causas complejo, entre las que destacan las siguientes: la insuficiencia demográfica de Castilla, el temor de la población a instalarse en tierras aún no pacificadas, las pocas facilidades ofrecidas por los nobles del Norte al éxodo de sus colonos y el deseo de la monarquía de prescindir de los musulmanes en gran parte de los territorios conquistados, aún cuanto su presencia seguía siendo necesaria desde el punto de vista productivo.
Castilla intentó un sistema colonial mediante el control militar, político y económico de una minoría cristiana sobre una mayoría musulmana.
Hay dos modelos de repoblación en la primera fase que son: repoblación en los territorios absolutamente desocupados por los musulmanes y la repoblación en aquellos otros donde la presencia musulmana permaneció inalterable.
El primer caso es el único que merece el nombre de repoblación. En el segundo, de un cambio de dueño. Se trata, simplemente, de la construcción de fortificaciones más o menos guarnecidas ocupándose algunas tierras despobladas. El caso de los territorios desocupados es distinto y más importante.
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