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LA FRONTERA
Andalucía, desde su conquista, es concebida como una parte diferenciada del resto del territorio castellano. A efectos administrativos Andalucía aparece dividida en tres reinos: Jaén, Córdoba y Sevilla. Los reinos andaluces nacen de la misma parcelación de la frontera, cuya defensa se confía a los concejos, coordinados y apoyados por y desde la cabecera de su reino respectivo.
Las fronteras de Castilla y Granada se configuran entre 1246 y 1260, como consecuencia de los acuerdos alcanzados por Fernando III y Alhamar.
En lo relativo a esta provincia de Jaén, la frontera será descrita de este a oeste: aproximadamente, Martos, Alcaudete, Fuensanta de Martos, Valdepeñas, Campillo de Arenas, La Guardia, Pegalajar, Cambil, Albanchez de Úbeda, Jódar, Bedmar, Huelma, Bélmez, Cabra de Santo Cristo, Tíscar, Quesada y Cazorla-La Iruela.
La frontera es de carácter natural, situada sobre el sistema Subbético, pero presenta distintas posibilidades de invasión por diversas rutas, por lo que éstas van a ser vigiladas por las distintas posiciones fronterizas, unas de esta provincia y otras de Granada.
Refiriéndonos sólo a las jiennenses, podemos establecer los distintos caminos y sus posiciones defensivas (hacemos mención tanto de las musulmanas como de las cristianas) y que son:
1. Camino de Granada a Jaén por Puerto
Lope y Montefrío: Alcalá, Castillo de Locubín, Alcaudete
y Martos.
2. Ruta del río Quiebrajano: Otíñar y Arenas.
3. Ruta del río Campillo: La Guardia y Arenas.
4. Pasos de las sierras de Almadén y Mágina: Torres, Albanchez
de Úbeda, Cambil y Huelma.
5. Ruta del río Jandulilla: Jódar, Bedmar y Bélmez.
6. Ruta del río Guadiana Menor: Quesada y Cazorla-La Iruela.
7. Sierra de Segura: encomienda santiaguista de Segura, Hornos...
El profesor Rodríguez Molina nos da unas pinceladas sobre la frontera, que posiblemente agraden a la opinión de casi todos los historiadores, las cuales reproducimos por su interés: "La Frontera del Reino de Granada, mantenida con pocas modificaciones a lo largo de nuestra Baja Edad Media, ha tenido una notable importancia en la historia política, económica, social y cultural, para los reinos situados a uno y otro lado de ella /.../ Con frecuencia, el término frontera ha evocado un concepto inevitable de conflictividad bélica, la cual nunca revistió los alarmantes caracteres de intensidad, generalización y exclusividad de que se viene revistiendo. La última frontera de la España Medieval cristiana con el Islam granadino fue, además de línea de guerra, espacio de paces y treguas y de transculturación entre dos civilizaciones.
Es verdad que fue liza de lucha y enfrentamiento de dos pueblos, cuya capacidad contribuyó singularmente a la elaboración de un nuevo arte de la guerra y una nueva arquitectura militar -castillos, sistemas defensivos y organización de la caballería ciudadana-, pero junto a ello también representó el papel de amplio escenario de encuentros, culturas y formas de vida. /.../ A través de ella se filtraron muchas influencias recíprocas, se crearon instituciones muy singulares, como aduanas para el comercio, juez entre los cristianos y los moros, los fieles del rastro, los ejeas y los alfaqueques /.../ Todo ello dio lugar al surgir de interesantes géneros literarios, como los romances fronterizos, las novelas moriscas, las cartas de frontera, una intensa correspondencia pacífica entre municipios opuestos y lo que es más sorprendente, por encima de la incompatibilidad religiosa se produjeron fenómenos muy delicados y significativos de comprensión, tolerancia y cortesía."
Durante siglo y medio la frontera está situada en Alcalá la Real (1341-1492), por lo que sus vecinos están constantemente expuestos a morir, caer presos, perder ganados y cosechas si no se andaban listos para refugiarse en la Mota. Pero los peligros inherentes a la vida fronteriza tenían su compensación en el floreciente comercio que se realizaba en la ciudad por ser ésta un importante paso fronterizo.
La situación peligrosa de la vida en la frontera nos ha dejado muchos episodios que queremos recordar ahora: la historia hagiográfica recogida por el jesuita Bilches sobre una moradora de Santiago de Martos, hoy de Calatrava. Lucía era natural de dicha población y nació durante el reinado de Fernando III, hija de nobles cristianos. A causa de una correría musulmana murió su padre y su esposo cayendo ella misma cautiva. Estaba Lucía embarazada y, cuenta el jesuita, que gracias a su honda devoción a la Virgen la asistió en el parto y la devolvió sana y salva junto a su hijo (Mariano) a su pueblo. No consta que tuvieran culto público aunque Bilches los cita como "venerables".
La frontera es permeable y las relaciones no son siempre de enemistad. Así se aprecia que las modas granadinas tienen gran influjo en el vestuario cristiano. En el siglo XV al hablar de un caballero alcalaíno se dice de él: "...iba ataviado a la morisca, a fuero de Andalucía"; con tocado morisco asistía a las funciones religiosas el propio condestable Iranzo.
Muestras de las relaciones de buena vecindad las encontramos en una comida que se dio en Alcalá la Real a los musulmanes de Montefrío, que vinieron a intercambiar cautivos (18 de diciembre de 1390), o aquel otro caso en el mismo año por el que se pagó a unos hombres para echar unas vacas, que no quedárselas, del territorio alcalaíno y que eran propiedad de moros granadinos. Las vacas vuelven a ser protagonistas en otra ocasión (1455-62) con una devolución mutua de reses entre Alcalá y Colomera.
Las relaciones de vecindad en la frontera crean, incluso, instituciones destinadas a velar por el entendimiento de unos y otros. Así existe la figura cristiana del Alcalde Mayor entre moros y cristianos o la del Alfaqueque de los granadinos. En 1381 ocupaba el cargo de Alcalde Mayor en los obispados de Jaén y Granada, Gonzalo Fernández de Córdoba. Otra institución jurídica es el llamado juez de las querellas, que era encargado de juzgar y sancionar las incursiones, robos y daños producidos. Los ejeas se dedican al rescate de cautivos, restitución de prendas, ayuda de los vecinos de ambos lados de la frontera e incluso como pregoneros de la justicia al otro lado de su término. Parece ser que hubo cinco por Castilla y otros tantos por Granada.
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