Qué visitar
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Declarado Monumento Natural, por su singularidad, valoración social, reconocimiento e interés más patente proviente de sus características biológicas, se trata de un singular bosque isla en el que se encuentra perfectamente representado el bosque mediterráneo esclerófilo. Presenta un elevado interés porque a pesar de su reducida extensión, algo menos de 2 hectáreas, y de estar ubicado en un ombroclima seco, posee un gran número de especies de singular belleza, propias de climas subhúmedos y difícil de encontrar en tan reducido espacio. Destacan especies como el quejigo, la encina, el acebuche, el durillo, la cornicabra, majuelos y zumaques.
Si bien son pocos los restos que se conservan de este antiguo castillo es verdad que lo que queda de las antiguas torres y murallas dan un aspecto monumental a la zona más alta de la ciudad de Martos. Este castillo estaba unido por medio de un lienzo de muralla al Castillo de la Peña dotando de mayor seguridad el arcaico recinto. Una de estas torres que podemos disfrutar es hoy la torre del campanario de la iglesia de la Virgen de la Villa. La plaza situada alrededor de esta iglesia supone un fantástico mirador natural desde el que podemos contemplar gran parte de la ciudad y la interminable campiña marteña que supone la mayor extensión de olivar del mundo. Unos metros más arriba encontramos la torre del Homenaje del antiguo castillo.
Lugar elevado, enclavado a una altitud considerable, que cuenta con impresionantes panorámicas de Fuensanta y de su término municipal. Está a sólo un kilómetro del municipio por la carretera en dirección a la Sierra de la Pandera y Valdepeñas de Jaén. La vegetación está compuesta por pastizal y matorrales, donde los tomillares y romeros acompañan a arbustos como coscojas, cornicabras, que sirven de refugio a las liebres, conejos, jilgueros, pardillos, verdones, perdices, zorros, lirones y habitan el lugar.
Se celebra el 2 de febrero de cada año, dándose lugar numerosas tradiciones.Tiene una especial dedicación hacia los niños, quienes desfilan en procesión llevando dos pichones y una enorme tarta que luego devoran, mientras los cofrades reparten tortas a los vecinos del pueblo.Los Villares posee una amplia tradición oral de canciones y danzas de rancio sabor popular, que se han ido transmitiendo de padres a hijos, perdiéndose muchas de ellas por el cambio de los usos pero afortunadamente conservadas en trabajos de recopilación y en otras publicaciones sobre el tema. Pero sin lugar a dudas, es la tradicional jota de Los Villares una de las interpretaciones más populares de la zona. La jota proviene, sin lugar a dudas, de las escuelas persa y bizantina, introducida en Arabia y después en nuestra península. Sin embargo esta jota es eminentemente andaluza, y difiere por tanto de la aragonesa tanto en el cante como en la manera de interpretarla. Se bailaba en filas de hombres y mujeres con movimientos sueltos, sin agarrarse, con giros, saltos y cruces, y vueltas muy vigorosas. Se compone la música, interpretada con guitarra, laúd y acordeón, de coplas precedidas de paseíllos y estribillos, pudiendo participar en las mismas cuantos cantaores improvisen previo aviso.Se ejecutaba en las fiestas tradicionales y en las bodas, cuando se acompañaba a los novios desde la iglesia hasta su casa, después del convite y al amanecer en la ronda del tornaboda. Otra curiosa costumbre en la interpretación de esta jota era su cante en el velatorio de un niño pequeño: al llegar la medianoche se "daban una vuelta" acompañados por algún familiar del niño y al llegar a la plaza se echaba un "bailecico" y así se continuaba el velatorio durante toda la noche. Los vecinos, cuando oían estas rondallas, al saber que había muerto un niño, exclamaban: "¡Angelicos al cielo... chocolate a la barriga!", haciendo referencia a las viandas que se ofrecían durante el velatorio.

p>Fortificación de planta cuadrada, estructurada en dos plantas cubiertas con bóveda apuntadas. Junto a ellas aún pueden versé los restos de un sistema hidráulico utilizado para el riego de los campos.


