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Escudo Valdespeña CASTILLO DE SUSANA Escudo Valdespeña

Descripción | Mapa de Ubicación

Datos de interés | Fotografias

 

ACERCA DE LA POSIBLE UBICACION DEL CASTILLO DE SUSANA

Según R. Valdecantos (1998) sólo dos notas: Musulmán. Restos en mampostería.

Eslava Galán (1999) nos proporciona una mayor cantidad de datos sobre este castillo que él localiza en el llamado Peñón de Zuzaña:

Localización. La localización de Susana ha sido labor ardua, pero gratificante. Jimena Jurado la sitúa vagamente en la sierra de Jaén y río de Susana. Bernardo de Espinalt yerra al situarlo a media legua de Valdepeñas de Jaén. Autores posteriores siguen a Espinalt, pero, lógicamente, ninguno encuentra el castillo. Cuando nosotros acometimos la labor de dar con el castillo partimos de la base de que éste debía encontrarse en territorio de la Orden de Calatrava. Orientamos nuestras pesquisas por la zona del río que según la altura de su curso recibe las tres denominaciones de Grande, Víboras y Susana. Este río ha servido en parte de divisoria de términos en época medieval. Si por la parte en que el río se llama Víboras existe el castillo de Víboras, por la parte de nombre Susana podría existir la fortaleza homónima. Remontamos el río a partir del castillo de Víboras y, en efecto, nueve kilómetros aguas arriba encontramos que el valle fluvial, que suele ser muy encajado, se abre en una pequeña vega cobijada entre la Sierra de la Grana (este) y la de las cuerdas del Castillo (sur), en su estribación de los Madroños. En el centro de esta vega se levanta un imponente peñón alargado que el río esquiva lamiendo su piedemonte sur. Por el lado del norte es recorrido por el arroyo del Regüelo en su último tramo antes de desembocar en el Susana. La horquilla de los dos ríos sirve de foso natural al peñón que los campesinos llaman "de Susana".

Es posible llegar a este lugar por carril agrícola en mal estado que sale cerca de Fuensanta de Martos.

Estudio. Del castillo de Susana quedan escasos vestigios. El estrato rocoso alargado que le sirve de eje mide 164 m. Lo componen una sucesión de bloques pétreos y dos claros intermedios. Los bloques, prismáticos, actúan como torreones naturales. Por el lado del río son inaccesibles. Por el lado del arroyo habilitan una pequeña meseta alargada. Ésta fue defendida por medio de un imponente talud de tierra coronado de parapeto pétreo del que quedan vestigios. En la meseta superior, labrada en la peña viva, existe una precaria escala de acceso a las cúspides rocosas más prominentes. Los claros resultantes entre los segmentos del farallón rocoso fueron barreados por un muro de mampuesto que completaba la cerca natural. Está muy destruido, pero sus cimientos son todavía visibles.

Probablemente la temprana decadencia de Susana como núcleo de población se deba al establecimiento, aguas abajo del río, del sólido castillo calatravo de Víboras que acabaría reclutando a la población de los contornos a lo largo de la segunda mitad del siglo XIII en que la región queda en peligrosa situación fronteriza.

El peñón de Susana evoca irresistiblemente lo que debió ser un establecimiento humano en la Edad Media.

Un punto de defensa, una región fértil que se organiza en su entorno y una población más o menos dispersa que sirve al castillo y tiene en él su refugio. Este es el esquema básico de los castillos de origen rural de nuestra tierra, tales como Recena, Jarafe, La Marquesa y tantos otros.

     
  1. No quisiéramos contradecir a Eslava Galán, pero nos es imposible no manifestar nuestra disconformidad sobre la localización que él hace del castillo de Susana, apoyándonos en los siguientes argumentos:
  2. Según los mapas consultados, el citado peñón por Eslava como de Susana, aparece con el nombre de Zuzaña y preguntados los labriegos de la zona lo llaman igualmente: Zuzaña. Sin duda esta denominación popular y cartográfica puede ser sólo una corrupción de Susana.
    Según dichos mapas en el momento en que el Regüelo deja sus aguas en el río Susana el curso de éste cambia el nombre por el de río Víboras, por lo que el peñón de Zuzaña se sitúa justo al final del curso del río Susana.
  3. Dar por sentado que el dicho castillo debía de encontrarse en territorio de la Orden de Calatrava es tanto como negar que Castillo de Locubín o Alcaudete en algún momento de su historia también le pertenecieron, pues en el momento de su dependencia fueron territorio calatravo y luego, por las circunstancias que fueran, dejaron de serlo.
  4. Ciertamente el cauce del río es por esos parajes tan encajado que el pequeño valle sobre el que se levanta el peñón de Zuzaña, cobijado, como dice Eslava, por la sierra de la Grana y los Madroños, es tal el cobijo que le presta que, a escasos metros del emplazamiento de este castillo, hay cotas más altas desde las que podría ser fácilmente batido por arqueros y ballesteros. Por lo que sus condiciones defensivas eran muy escasas.
  5. Como expusimos en la sección Poliorcética Medieval, el emplazamiento de un castillo es algo importante y resulta inusual elegir un lugar en un valle rodeado a poca distancia de tanta sierra y montes, cuando lo habitual es hacerlos en alto, aprovechando la propia orografía, o levantarlos sobre motas artificiales. El peñón es imponente, nos sugiere la idea de una fortaleza natural, pero su posibilidad de otear el horizonte es nula por encontrarse más bajo que los montes que lo circundan. Así ni como posibilidad defensiva, ni como vigilancia encontramos la virtud del lugar.
  6. Ciertamente, como dice Eslava, por el lado que da al arroyo del Regüelo se observa un terraplenado sobre importante talud de tierra, pero del parapeto pétreo del que quedan restos no hemos encontrado más que algunas piedras pequeñas y sin sujeción alguna puestas con la intención de contener la tierra al acceder al terraplenado. Éste tiene más visos de era que de otra cosa.
  7. Ciertamente también, como Eslava dice, en la propia roca se observa lo que pudiera ser una precaria escalera de acceso a la parte más alta del peñón, pero hecho el intento, personas jóvenes, ágiles y delgadas hubieron de desistir por falta de espacio, tras subir lo que parecían los dos o tres primeros peldaños. Pareciéndonos, eso sí, que la sensación de escalera en roca viva eran parte de la propia estratificación de la roca.
  8. Si como afirma Eslava los claros resultantes en el propio farallón rocoso fueron barreados por muro de mampostería del que restan los cimientos, hemos de decir que no pudimos encontrar restos de cimiento alguno y que si tales muros llegaron a existir, no dejaron su impronta en la roca sobre la que se apoyaron, siendo normal que aparezca en ésta una diferenciación de color sobre lo que siempre estuvo a la intemperie y el lugar donde lo tapó alguna construcción.
  9. No encontramos restos suficientes de material para decir que los originó el derrumbe de una construcción, excepción hecha de los que son producto de la ruina del cortijo que allí hay. Tampoco encontramos restos de cerámica, salvo los de teja procedente del dicho cortijo, siendo tan frecuente su localización en el castillo de Víboras o en el cerro del Castellón, por citar dos ejemplos del mismo curso fluvial. Cortijo que, por cierto, en su construcción no denota la reutilización de materiales provenientes de un primitivo castillo.
  10. En modo alguno podemos aceptar la tesis de la pronta decadencia del castillo y población de Susana en favor del castillo y población de Víboras. Baste recordar que en Susana estuvo varias veces el rey Enrique IV y el condestable Iranzo, a la vuelta de sus incursiones contra Granada. Recordemos de igual forma que se dice que en Susana pasó su luna de miel Muley Hacén y su esposa Isabel de Solís. Estas citas no son de mediados del siglo XIII, sino de mediados del siglo XV, lo que nos hace suponer la existencia de Susana mucho tiempo después del que nos da Eslava Galán.
  11. Es posible, como cree Eslava, que el castillo de Susana fuera de los de tierra y madera, pero necesariamente eso sería en una primera época, pensando nosotros que debiera de tener mejores defensas en época tan tardía como el siglo XV.
  12. Desde luego el lugar, en algún momento de siglo XV, quedó yermo, de ahí que en el siglo XVI haya noticias en que se ordena su repoblación. Finalmente cuando ésta se lleva a efecto nace la actual población de Valdepeñas de Jaén.
  13. Por último, cabe asumir la identificación del peñón de Zuzaña como el lugar donde se emplazó el castillo, pese a no haber encontrado ninguna evidencia. Pero su espacio no es suficiente para albergar un séquito real del siglo XV, ni una hueste que vuelve de una cabalgada contra Granada, ni con tal tamaño, un lugar donde alojar dignamente a un rey y a un condestable, teniendo otras muchas plazas en las que guarnecerse (Alcalá -posesión real-, Locubín -bajo guarda y custodia del condestable-, Alcaudete...).

 

OTROS CASTILLOS

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