LA IMPORTANCIA DEL AGUA

Aljibe. Castillo de Víboras. (C. Calvo Aguilar.)Ha quedado expuesta la ventaja de asentar los castillos sobre roca. Situarlos en alto facilita tanto la visión de un hipotético enemigo acercándose, como la dificultad de su asalto. La propia inexpugnabilidad natural del lugar y la de las defensas con que se dote un castillo no lo hacen invencible. Queda la posibilidad de un sitio, más o menos prolongado, que termine rindiendo a los defensores por hambre y sed. Dicho esto cabe plantearse la capital importancia que reviste el aprovisionamiento y almacenamiento de agua.

Mediante el término de
aguada venimos a referirnos al conjunto de elementos que permiten obtener y almacenar el imprescindible suministro de agua, que tal como se podrá observar es variado. 

Un viejo aforismo poliorcético dice: castillo sin aljibe, enemigo adentro. Todo constructor de una fortaleza ha estudiado el problema e intentado resolverlo según sus distintas posibilidades.

Quizás el más extendido de los sistemas, y sin duda el más seguro y operativo, es contar con uno o varios pozos, asegurándose así el suministro constante.

Según Mora-Figueroa. sobre un estudio de 423 castillos el 71% de ellos contaba con pozo, un 24% tenían más de uno, el 28% lo tenían situado en la torre del homenaje, o se accedía a él por ésta, frente a un 23% que lo tenían en otras torres del recinto.

En el caso de Alcalá la Real se sabe de la existencia de pozos en el arrabal Viejo (luego llamado de Santo Domingo), por la propia crónica de Alfonso Onceno en la que se hace este relato: "Este aviso dio Pascual Sánchez al rey, y al punto envió a Martos por el moro, y se lo trajeron, y mostró aquel lugar donde estaba el pozo, y el rey mandó hacer cavas de fuera debajo de tierra, y fueron hechas..." La crónica deja, igualmente, constancia de la existencia de otro pozo en la llamada torre del Atalaya, que es la que batieron, minaron y derribaron los cristianos, cegando el pozo, que si bien no permitió abrir brecha e iniciar el asalto, si contribuyó notablemente a la capitulación al privar de agua a los sitiados.

El
aljibe sigue en importancia numérica a los pozos. Un aljibe consiste en un almacén de agua, cisterna que está generalmente hecha de mampostería y destinada a recoger la lluvia desde las techumbres y patios, por medio de conductos (atanores) o traída desde otro lugar. Detalle del interior del aljibe de la Peña de Martos. (C. Calvo Aguilar.)

Aljibe. Fortaleza de la Peña. (C. Calvo Aguilar.) Se da el caso curioso de que castillos y otras fortificaciones en estado muy ruinoso que casi hacen irreconocible su perímetro, defensas, etc. conservan los aljibes, ya que estos, para aprovechar la corriente natural así como para resistir sus muros el empuje del agua, se labraban en subterráneo.

Ya sea por seguridad, por comodidad, o por ambas razones simultáneamente, es frecuente contar con más de un aljibe. A fin de impermeabilizar el aljibe se enlucía el interior con una masa mitad de cal y mitad de arena. En caso de que el paramento del aljibe fuera de sillares se untaban las juntas de zulaque y betún.

Los aljibes suelen, aún hoy, conservar un color rojizo en su enlucido interior, que es consecuencia de haber aplicado en sus paredes una mezcla hecha a base de óxido de hierro, resina de lentisco, arcilla roja y otros con el propósito de evitar que el agua se corrompiera.

El aljibe subterráneo es una edificación abovedada y recubierta de pintura impermeable denominada almagra, el cual podía contar también con respiraderos para evitar la corrupción.

Aljibe tiene el castillo de Alcaudete (dos), uno de ellos con gran capacidad y presumiblemente alimentado con agua del exterior. También son perfectamente visibles las rozas del atanor que conducía el agua desde la terraza de la torre del homenaje hasta él. La fortaleza de la Peña de Martos lo conserva en bastante buen estado, semienterrado por los escombros y en el que es bien visible el color rojizo de las paredes. Igualmente se puede observar el de Torre Víboras.

Al modo de la que labraron los cruzados en el
krak de los Caballeros, en dicha fortaleza de la Peña también se conserva una alberca castral, viéndose las entradas de agua, ignorando, de momento, cómo era alimentada de líquido dicha alberca.

Había ciertos casos en que el suministro de agua se encontraba fuera del castillo, pero a una distancia razonable. El acceso a esa fuente de agua se podía realizar de dos formas. Una era realizar una
mina de aguada, procedimiento costoso pero seguro. Según la tradición por minas similares se abastecían de agua durante el sitio de Alcalá la Real, por lo que el ejército cristiano puso vigilancia en todos los pozos del arrabal. El otro sistema era construir una coracha, fortificación consistente en un lienzo de muralla que partiendo del recinto principal permite el acceso protegido al lugar de aguada (río, lago, venero, etc.), por lo general con adarve de doble antepecho pues podía ser atacada por ambas caras. En alguna ocasión la coracha presenta forma de "U" incorporando el manantial en su seno. Existe la posibilidad de pensar que la torre del Atalaya de Martos, a que antes hemos aludido, fuera una coracha, ya que en su interior estaba situado el pozo. El padre Recio menciona la existencia de una posible coracha en la Villa de Martos para recoger agua del arroyo de la Fuente de la Villa.

Otra forma de realizar la aguada sería mediante un acueducto subterráneo en todo o parte de su trayecto. Infrecuente es realizar una presa a fin de remansar el agua junto a una coracha (sin embargo el ejemplo es Belalcázar, en Córdoba).

Hay casos en los que existen depósitos de agua aprovechando el grosor de un muro o de tinajas empotradas.

Algunas veces la ausencia de agua era tanto un problema para los sitiados como para los sitiadores. Tal es el caso de la "arrancada de Huete" en 1197, campaña almohade en que debido al relativo largo asedio y a que era el mes de julio, el agua faltó en los dos bandos, resolviéndose casualmente con una tormenta veraniega que aprovisionó a unos y otros.