LOS CONSTRUCTORES Y SUS NOMBRES

Restos murarios de una antigua fortificación (anterior a época medieval) en el cerro del Algarrobo de Fuensanta. (C. Calvo Aguilar.)Lo generalizado y normal es que las construcciones de castillos fueran anónimas. Tras el primer paso, que era localizar un buen emplazamiento, que habitualmente era un lugar ya habitado por anteriores pueblos. (Prueba de ello tenemos en Fuensanta de Martos, donde se aprecian claramente restos de fortificaciones anteriores, posiblemente ibéricas, reaprovechadas en las construcciones medievales e incorporadas al sistema defensivo diseñado por los calatravos.)

Otro caso es el del cerro del Castellón (Valdepeñas de Jaén), en cuyo lugar parece ser que estuvo la fortaleza medieval de 
Susana o Susaña y donde se recogen, con facilidad asombrosa, restos de cerámica árabe, medieval cristiana y argárica.

La
fortaleza de la Peña fue un punto defensivo utilizado por civilizaciones anteriores. En La Mota (Alcalá la Real) se encuentran incluso sillares romanos entre los lienzos de sus murallas.

APAREJOS ROMANOS

Fuente: El castillo medieval. J. Jiménez Esteban.

Castillo de la encomienda de Víboras. (C. Calvo Aguilar)La siguiente etapa debía consistir en el trazado de planos de acuerdo con la topografía, sacando el máximo partido. Cualquiera de nuestros castillos es un claro ejemplo de esto, aunque quizás el que más nos ha llamado la atención sea el de Torre Víboras.

Luego vendría el labrado de
sillares o sillarejos en una cantera próxima. Se fraguaba la cal y se iniciaba la construcción. Pocas veces hay cimientos, pues lo general es que el castillo se apoye en la roca o en el suelo directamente.

En las construcciones castrales, aunque no solamente en ellas, se observan en las piedras marcas o signos que nos parecen misteriosos. Generalmente son marcas dejadas por los obreros (que podemos llamar marcas de identidad) que trabajaban a destajo, lo que nos permite conocer el número de obreros que trabajaron en una determinada construcción. Los canteros solían también poner en cada piedra unas marcas por las que se identificaba su cuadrilla u otras (marcas utilitarias) para determinar la posición de la piedra y situar las junturas del armazón, siendo pagadas según el número de sillares labrados o colocados, según el caso. Ambas marcas (de identidad y utilitarias) fueron realizadas por quienes trabajaron la piedra y la construcción, pero también nos encontramos con marcas debidas a peregrinos, turistas, presos... unas de notable antigüedad y otras bastante actuales (nosotros las hemos encontrado de anteayer, de principios de siglo, del siglo pasado...) y que son los actuales grafitis.

Fuente: El castillo medieval. J. Jiménez Esteban.

Pese a la dificultad de acceso que presenta la Peña de Martos no se ha podido librar de las pintadas modernas. (C. Calvo Aguilar.) No consta que con afán científico haya visitado nadie el interior de la torre de la Dehesilla. "Artistas anónimos" si nos han dejado huella de su paso. (C. Calvo Aguilar.)

Fuente: El castillo medieval. J. Jiménez Esteban.

Podemos ver estas marcas de identidad y/o utilitarias en muchos castillos y arcos de muralla allí donde la piedra ha sido bien labrada. Las encontramos, perfectamente apreciables, en varios lugares de la fortaleza de Alcalá la Real.

En épocas más modernas (siglos XV y XVI) sí se tiene constancia de algunos de sus constructores, arquitectos, alarifes y de las personas que los mandaron construir. A partir del siglo XVI los libros de los "visitadores" de las Órdenes Militares van recogiendo datos sobre las obras que han de realizarse, o se han hecho, constituyendo una fuente documental única, ya sea sobre los constructores como sobre el estado de conservación de muchos de ellos. Así nos consta el en interés que manifestaron por la conservación de la fortaleza de la Peña de Martos, interés que fue correspondido con la máxima desidia por parte de los comendadores.

Aunque los cristianos peninsulares hasta el siglo XIII o XIV no hacen referencia a los constructores o sobre quién los manda edificar, los musulmanes sí que se preocuparon de ello, indicándonos mediante lápidas en qué fecha se levantó el castillo y por orden de quién se llevó a efecto. En nuestra provincia hay una joya de la arquitectura medieval de la que se encontró lápida. Nos referimos al castillo de Baños de la Encina, y cuya lápida reza así:

"En el nombre de Dios, el Clemente, el Misericordioso, mandó construir este castillo el siervo de Dios Al-Hakam II Al-mustansir Bi-Allahi, príncipe de los creyentes, cuya vida Dios guarde, bajo la dirección de su servidor y caid Mayssur ben A-Hakam. Se terminó con el auxilio de Dios y con su ayuda. Eso fue en la luna del Ramadán del año 357" (corresponde al año 968 de la era cristiana).

Lápida del castillo de Baños de la Encina, en el museo arqueológico nacional. Fuente: El castillo medieval. J. Jiménez Esteban

Por mencionar otro caso de la provincia y además por parte cristiana, cabe reseñar Porcuna, donde una lápida en el castillo tiene el siguiente texto: "Esta obra mandó fazer Luis de Guzman maestre de la orden de Calatrava y señor de este lugar, año de MCCCCXXII".

Decía Valeriano del Castillo Benavides en un artículo publicado en 1959, que tenía referencia oral de la existencia de una atalaya en la Peña del Yeso, de la que no existían restos. Restos apreciables desde luego que no, por lo que llevaba razón. Sin embargo, frente a la Peña, hay otro cerro cuyo topónimo es el "cerro de la Escucha" y los vestigios hallados nos conducen a corroborar la tradición oral. Pero ahora no tratábamos de esto sino de sus constructores o de quienes mandaron levantar las fortificaciones, por lo que, respecto a esta atalaya podemos comentar que Rodrigo Alonso de Aranda, regidor e hijo de Gonzalo Fernández de Aranda, tuvo moros cautivos con el concurso de los cuales edificó dos atalayas, una sobre la Peña del Yeso (como s e ha dicho es en la llamado "cerro de la Escucha), de mampuesto y otra, mayor, de piedra cortada y labrada que es la que está más cercana de las ventas del dicho camino. Siendo, por tanto, las únicas que por ahora sabemos a quién se deben.

La puerta de las Lanzas, en la fortaleza de la Mota, cuenta con una inscripción hoy ilegible. El padre Flórez da noticia de una inscripción sobre esa puerta de tiempos de Enrique IV que no es, seguramente, la que hoy permanece aunque de forma ilegible.